El running presenta una elevada incidencia de lesiones por sobreuso, especialmente en rodilla, tibia, pie y tobillo. La biomecánica del corredor ha sido ampliamente estudiada como posible factor explicativo de estas lesiones, aunque su papel debe interpretarse dentro de un modelo multifactorial donde la carga, la capacidad tisular y la historia previa del deportista son determinantes.
La pregunta clínica relevante no es si existe una técnica “correcta”, sino cómo determinadas variables mecánicas pueden modificar la distribución de cargas y, en consecuencia, influir en el riesgo de lesión en contextos específicos.
Este artículo desarrolla una síntesis crítica basada en la revisión bibliográfica disponible sobre lesiones en la biomecánica del corredor, trasladando sus hallazgos a criterios de aplicación clínica.
La carrera implica ciclos repetidos de apoyo unipodal con fase aérea intermedia. Durante el apoyo se generan fuerzas verticales que pueden alcanzar entre dos y tres veces el peso corporal. La forma en que estas fuerzas se transmiten y absorben depende de múltiples factores.
Desde el análisis clínico, las variables más estudiadas incluyen:
Estas variables no deben interpretarse de forma aislada. La interacción entre cinemática, cinética y control neuromuscular determina el entorno mecánico al que se expone cada tejido.
La tasa de carga vertical, en particular, ha mostrado asociación consistente con lesiones óseas por estrés. Sin embargo, no todos los corredores con alta tasa de carga desarrollan lesión, lo que refuerza la importancia de la capacidad adaptativa individual.
La literatura identifica varias patologías recurrentes en corredores donde se han descrito asociaciones biomecánicas relevantes.
En el síndrome de dolor femoropatelar se han observado mayores valores de aducción de cadera y aumento del momento aductor de rodilla. Estos factores podrían incrementar el estrés femoropatelar, especialmente en presencia de debilidad proximal o déficit de control neuromuscular.
En el síndrome de estrés tibial medial y en las fracturas por estrés tibial, la tasa de carga vertical elevada aparece como uno de los factores más repetidamente descritos. Este hallazgo sugiere que la velocidad con la que se aplica la fuerza puede ser más determinante que el pico absoluto de impacto.
En la tendinopatía aquílea, los cambios en el momento plantarflexor y en el patrón de apoyo modifican la carga tendinosa. El apoyo de antepié puede reducir el impacto inicial, pero incrementa la demanda sobre el complejo tríceps sural-Aquiles, lo que exige una progresión cuidadosa si se plantea modificar la técnica.
En el síndrome de la banda iliotibial, algunos estudios describen mayor aducción de rodilla, aunque la evidencia es heterogénea y no permite establecer criterios universales.
Uno de los aspectos más importantes en la interpretación de la literatura es diferenciar asociación de causalidad. La mayoría de estudios incluidos en la revisión presentan diseños transversales o retrospectivos, lo que limita la capacidad de establecer relaciones causa-efecto.
Además, existen diferencias metodológicas relevantes:
Por tanto, no existe un patrón biomecánico universalmente lesivo. La lesión emerge cuando la carga aplicada supera la capacidad de adaptación del tejido en un contexto determinado.
El análisis biomecánico debe formar parte del razonamiento clínico, pero no sustituirlo. No todos los corredores requieren un estudio detallado de la técnica.
Puede estar especialmente indicado en casos de:
La evaluación práctica puede realizarse mediante grabación en plano sagital y frontal, análisis de cadencia, observación de la posición del centro de masas respecto al apoyo y valoración del control proximal. No obstante, estos hallazgos deben interpretarse junto al volumen e intensidad del entrenamiento.
La reeducación de la técnica no debe aplicarse de forma sistemática. Es una herramienta que debe utilizarse cuando el patrón mecánico identificado tenga plausibilidad biomecánica y coherencia clínica con la lesión.
Entre las estrategias con mayor aplicabilidad clínica se encuentra el aumento moderado de la cadencia (5–10%), que puede reducir la tasa de carga vertical y disminuir la demanda femoropatelar. También puede considerarse la reducción del overstriding en corredores con contacto muy adelantado respecto al centro de masas.
Cualquier cambio técnico debe introducirse de manera progresiva, alternando periodos cortos con el patrón habitual y monitorizando la respuesta sintomática. La modificación brusca del patrón de apoyo, especialmente hacia antepié, puede incrementar el riesgo de sobrecarga en tríceps sural y tendón de Aquiles si no se dosifica adecuadamente.
Persisten interrogantes relevantes en la literatura. No se han establecido umbrales claros que definan cuándo una variable biomecánica se convierte en factor de riesgo clínicamente significativo. Tampoco está completamente aclarado qué perfil de corredor responde mejor a la modificación técnica.
Existe además el riesgo de medicalizar la variabilidad normal del movimiento. Muchos corredores asintomáticos presentan patrones considerados “subóptimos” sin desarrollar lesión.
El enfoque contemporáneo prioriza la gestión de carga, la progresión adecuada del entrenamiento y el fortalecimiento específico como pilares fundamentales, integrando la biomecánica como herramienta complementaria y no como eje exclusivo.
En este sentido, para quienes deseen profundizar en los fundamentos mecánicos que permiten interpretar con mayor precisión el análisis del movimiento, la formación Fundamentos de Biomecánica de FisioCampus ofrece una base sólida para comprender la relación entre fuerzas, momentos articulares y adaptación tisular. Este tipo de capacitación facilita una lectura crítica de los hallazgos biomecánicos y mejora la toma de decisiones clínicas.
La biomecánica del corredor desempeña un papel relevante en la comprensión de las lesiones por sobreuso, pero no constituye un factor aislado ni determinante por sí mismo.
El fisioterapeuta debe integrar el análisis mecánico dentro de un modelo multifactorial que contemple:
La modificación técnica es una intervención válida cuando existe coherencia entre patrón mecánico, sintomatología y razonamiento clínico. Aplicada sin criterio, puede generar más riesgo que beneficio. El desafío no es normalizar el movimiento, sino optimizar la relación entre carga y tolerancia individual.