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Latigazo cervical crónico: cuando recuperar movilidad no es suficiente

Ultima edición: Septiembre 25, 2026, 15:38 Hrs

Un paciente con latigazo cervical puede recuperar buena parte de la movilidad del cuello y seguir describiendo una sensación difícil de encajar en una exploración musculoesquelética convencional: inseguridad al mover la cabeza, mareo, dificultad para orientarse, molestias al conducir, problemas para mantener la mirada estable o sensación de desequilibrio.

En estos casos es fácil volver a medir movilidad, fuerza o sensibilidad cervical buscando aquello que todavía “falta”. Sin embargo, en algunos pacientes con trastornos asociados al latigazo cervical (WAD), especialmente cuando aparecen mareo o alteraciones del equilibrio, puede ser necesario ampliar la exploración.

La región cervical contiene una importante cantidad de información propioceptiva que debe integrarse continuamente con los sistemas visual y vestibular. Después de un latigazo cervical, el problema puede no limitarse a cuánto se mueve el cuello, sino también a cómo utiliza el sistema nervioso la información procedente de ese movimiento.

El cuello también participa en nuestra orientación espacial

Los receptores cervicales proporcionan información sobre la posición y el movimiento de la cabeza respecto al tronco. Esa información se integra con las señales visuales y vestibulares para mantener la orientación, estabilizar la mirada y ajustar el control postural.

Por eso, cuando la información cervical pierde precisión o se integra de forma diferente, los síntomas pueden aparecer en tareas que aparentemente tienen poco que ver con la fuerza del cuello.

Una persona puede tener un rango de rotación razonable y, sin embargo, cometer más errores cuando intenta volver a colocar la cabeza en una posición determinada sin utilizar la visión. Otra puede encontrarse relativamente bien sentada, pero experimentar inestabilidad cuando combina movimientos de cabeza con una tarea visual o cuando disminuyen las referencias del entorno.

En personas con WAD se han descrito alteraciones del sentido de posición articular y un mayor balanceo postural, especialmente en aquellas que también presentan mareo. Esto no significa que todos los pacientes con latigazo cervical tengan un déficit propioceptivo, pero sí que existe un grupo en el que explorarlo puede aportar información que una valoración exclusivamente basada en dolor y movilidad dejaría fuera.

El mareo cervical no debería convertirse en una explicación automática

Que un paciente presente dolor cervical y mareo después de un latigazo no demuestra que el cuello sea necesariamente el origen de todos los síntomas.

Antes de atribuir el cuadro a una alteración sensorimotora cervical, debemos considerar otras posibilidades. Los trastornos vestibulares, determinadas causas neurológicas, alteraciones visuales y otras condiciones pueden producir síntomas similares. Además, el propio WAD puede coexistir con problemas que requieran una valoración diferente.

Esta precaución es especialmente importante cuando el mareo es intenso, aparece de manera súbita o se acompaña de síntomas neurológicos, alteraciones visuales importantes, síncope, cefalea atípica u otros hallazgos que no encajan con una presentación musculoesquelética habitual.

El razonamiento sensorimotor debería ampliar el diagnóstico diferencial, no sustituirlo.

Una vez descartadas otras explicaciones relevantes, explorar cómo responde el paciente a tareas de posición cervical, equilibrio y coordinación cabeza-ojos puede ayudarnos a identificar qué situaciones reproducen realmente sus dificultades.

A veces el déficit aparece cuando combinamos sistemas

Una valoración básica de propiocepción cervical puede explorar la capacidad para reproducir posiciones de la cabeza. Por ejemplo, después de realizar una rotación podemos pedir al paciente que vuelva a una posición de referencia sin ayuda visual y observar la precisión del movimiento.

Pero quedarnos únicamente con una prueba aislada también puede resultar insuficiente.

Muchos síntomas aparecen cuando el sistema tiene que integrar varias fuentes de información al mismo tiempo. Girar la cabeza mientras caminamos, mantener la mirada sobre un objetivo durante el movimiento o conservar el equilibrio cuando reducimos la información visual son tareas más exigentes que mover el cuello sentado en una camilla.

En WAD también se han descrito alteraciones oculomotoras. La literatura en este campo es menos uniforme y existe bastante variabilidad entre las pruebas utilizadas, por lo que no deberíamos interpretar cualquier error ocular como una lesión específica. Su interés clínico aparece cuando el hallazgo es coherente con los síntomas y con las tareas que el paciente encuentra problemáticas.

Un paciente que refiere dificultades al conducir y mirar repetidamente hacia los espejos, por ejemplo, plantea una demanda distinta a alguien cuyo único síntoma es dolor durante una rotación cervical máxima.

Entrenar propiocepción no consiste en repetir una prueba

Si encontramos dificultades sensorimotoras, la rehabilitación puede comenzar con tareas relativamente sencillas, pero debería evolucionar.

Repetir durante semanas ejercicios de reposicionamiento cervical puede mejorar la ejecución de esa tarea concreta sin garantizar que el paciente haya recuperado las situaciones que le generan problemas fuera de consulta. Como ocurre con la fuerza, necesitamos progresión.

Podemos empezar trabajando precisión del movimiento con una referencia clara y posteriormente reducir la información visual o añadir movimientos más amplios. Si existen dificultades de coordinación visual, pueden incorporarse tareas de estabilidad de la mirada y movimientos coordinados de ojos y cabeza. En pacientes con alteraciones del equilibrio, la progresión puede aumentar gradualmente la exigencia postural.

La elección depende de lo que encontremos. No todos los pacientes necesitan entrenamiento propioceptivo, oculomotor y vestibular al mismo tiempo.

En la práctica, puede resultar útil pensar en tres preguntas:

  • ¿Qué tarea reproduce el problema? El mareo al girar la cabeza caminando aporta información diferente al dolor durante una rotación pasiva.
  • ¿Qué ocurre cuando modificamos la información disponible? Cambiar las referencias visuales, la posición corporal o la velocidad puede revelar dificultades que no aparecen en condiciones sencillas.
  • ¿Estamos progresando hacia la actividad real? El objetivo no es mejorar una prueba clínica, sino recuperar actividades como caminar, conducir, trabajar o practicar deporte con normalidad.

Este enfoque permite utilizar el entrenamiento sensorimotor con un propósito concreto y evita añadir ejercicios simplemente porque el diagnóstico sea WAD.

No todo síntoma persistente implica una alteración sensorimotora

Existe el riesgo de pasar de un modelo demasiado estructural a otro igualmente reduccionista. Encontrar déficits propioceptivos o alteraciones del equilibrio en grupos de pacientes con WAD no significa que estos mecanismos expliquen todos los casos de dolor persistente después de un latigazo.

Los síntomas pueden estar influidos por múltiples factores, y la respuesta al ejercicio también es variable. La investigación sobre ejercicio terapéutico en WAD muestra posibles beneficios sobre dolor y discapacidad, pero la calidad y consistencia de la evidencia no permiten establecer una única estrategia superior para todos los pacientes.

Por eso, el componente sensorimotor debería incorporarse cuando la presentación clínica lo justifique. Un paciente con dolor cervical persistente pero sin mareo, problemas de equilibrio ni dificultades de orientación puede necesitar un abordaje muy diferente de otro que presenta síntomas claramente provocados por tareas visuales y movimientos de cabeza.

No se trata de añadir más ejercicios, sino de encontrar qué capacidad sigue sin recuperarse.

Cuando el rango cervical ya no explica lo que le ocurre al paciente

La valoración del WAD puede quedarse corta si termina cuando hemos medido movilidad, dolor y fuerza. En determinados pacientes, especialmente aquellos con mareo, desequilibrio o dificultades durante tareas que combinan cabeza y visión, explorar el componente sensorimotor puede cambiar la dirección del tratamiento.

Esto no exige asumir que existe una alteración cortical específica ni atribuir automáticamente todos los síntomas al sistema propioceptivo cervical. La evidencia permite sostener la presencia de déficits de posición articular, equilibrio y algunas alteraciones oculomotoras en determinados pacientes; explicar exactamente cuánto contribuye cada mecanismo a los síntomas individuales es bastante más difícil.

En FisioCampus, el área de fisioterapia vestibular y mareos ofrece un contexto especialmente relacionado con la valoración de equilibrio, mareo e integración sensorial.

Para el fisioterapeuta, la utilidad está en reconocer cuándo la recuperación cervical parece adecuada sobre el papel pero todavía no se traduce en una función normal. En esos pacientes, dejar de mirar únicamente cuánto se mueve el cuello y empezar a explorar qué ocurre mientras se mueve puede abrir una parte de la rehabilitación que hasta entonces estaba pasando desapercibida.

Bibliografía 

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  2. Ischebeck BK, de Vries J, Van der Geest JN, Janssen M, Van Wingerden JP, Kleinrensink GJ, et al. Eye movements in patients with whiplash associated disorders: a systematic review. BMC Musculoskelet Disord. 2016;17:441. doi:10.1186/s12891-016-1284-4. Disponible en: https://doi.org/10.1186/s12891-016-1284-4
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